Jornadas de debate sobre ecosocialismo descalzo.

15 y 16 de junio de 2018 – La Casa Encendida, Ronda de Valencia 2, Madrid.

Asistencia libre y gratuita hasta completar aforo.

 

 

Desde los años setenta del siglo XX se han desarrollado en Europa y EEUU posiciones ecosocialistas que por una parte beben de fuentes más antiguas (William Morris o Walter Benjamin serían ilustres antecesores) y por otra parte mantienen un fecundo debate con otras propuestas de emancipación y supervivencia (ecofeminismos, Buen Vivir de las culturas amerindias andinas, decrecimiento, crítica antiindustrial, etc.). Estas posiciones ecosocialistas (como las de Manuel Sacristán, Barry Commoner o Michael Löwy) se orientaban hacia modelos de sociedad industrial socialista que hiciesen las paces con la naturaleza.

Pero en el segundo decenio del siglo XXI, ¿cabe seguir pensando en modelos ecosocialistas de alta tecnología, alta energía y alta complejidad? Sin duda una de las grandes preguntas que animó el discurso crítico del desarrollo, en particular el ecologismo, fue aquélla sobre si era posible continuar viviendo en una sociedad industrial orientada al crecimiento continuo. Las perspectivas de desequilibrio climático y escasez malthusiana (en energía y materiales) evidencian la insostenibilidad del mundo industrial que hemos creado.

Sin embargo, no debemos tampoco olvidar la otra pregunta que ha atravesado los movimientos de crítica a la sociedad industrial occidental: ¿es deseable la vida en un mundo tal? En la respuesta negativa y el espacio de imaginación y creación que plantea se encuentra la posibilidad de condenar un mundo donde la miseria y el dolor de media humanidad es el precio a pagar por la insignificancia y la opresión de la otra mitad, y donde la vida no humana se ve arrinconada, degradada y a la postre exterminada.

Se impone una revisión que ajuste nuestros ideales socioeconómicos a constricciones ecológicas más severas y urgentes, pero también una reflexión que evalúe el proyecto emancipatorio a la luz de las nuevas fuerzas de dominación y de las profundas transformaciones cualitativas que ha sufrido nuestro mundo. Es más, necesitamos una reflexión que, de manera prioritaria, piense ambas cuestiones en su indisociable ligazón. Si a comienzos del siglo XX Lenin podía convocar la idea del socialismo/ comunismo bajo la fórmula de “los sóviets más la electricidad”, quizá, un siglo más tarde, podemos aventurar la fórmula: las asambleas más la permacultura. Tal es el sentido de las jornadas de investigación y debate que se proponen.